Editorial

Si atendemos a la definición de Cultura recogida en la Real Academia de la Lengua Española (RAE) como el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”, observamos que tan solo hay una parte cierta en esta afirmación pues, en la actualidad y debido a muy diversos factores, podríamos decir que los conocimientos no están orientados a desarrollar este juicio crítico que mencionábamos.

Esto se debe a que actualmente, en nuestra sociedad, el acto de ver la televisión ocupa una buena parte del tiempo de los niños (y no tan niños), convirtiéndolos, desde temprana edad, en lo que el investigador Giovanni Sartori denomina, en su libro “Homo Videns”, vídeo-niño. (Homo videns: la sociedad teledirigida / Giovanni Sartori. Madrid: Taurus, 1998)

Las consecuencias de esta elevada dependencia de lo audiovisual en general, y de la televisión en particular, provoca que los espectadores, y, sobre todo los más jóvenes, se acostumbren a la violencia, pues gran parte de sus contenidos muestran un alto grado de agresividad. Todo ello desemboca en la adquisición de conocimientos exclusivamente a través de medios audiovisuales, lo que hace que el hombre sólo se fíe de lo que ve (de ahí el término “Homo Videns”) y deje atrás la naturaleza simbólica característica del hombre pensante, lo que deriva en una incapacidad para desarrollar un pensamiento crítico. Así, somos conscientes de la falta, en muchas ocasiones, de argumentos para sostener una opinión fundamentada.

Un ejemplo más acorde con la realidad es el hecho de que nombres como Goya, Picasso o Dalí han sido sustituidos por  “fenómenos sociales” como Belén Esteban o el cantante Justin Bieber. Personajes que son reconocidos por el gran público por su continua presencia en los medios de comunicación, y no por su profesionalidad o virtuosismo.

Sin embargo, no estamos muy seguros del agente culpable de esta situación, si el espectador, o los medios de comunicación. Por un lado, la masa demanda un tipo de programación que los medios se encargan de proporcionar; por otro lado, hay personas que consumen lo que la televisión muestra, sin llegar a cuestionarse la razón de su interés por esos contenidos audiovisuales. Lo que sí es una realidad es que cadenas de televisión, cuyo contenido es morboso y sensacionalista, reciben una aplastante audiencia en detrimento de cadenas de temática didáctica.

Esta diferencia se intensifica aún más con el escaso presupuesto que se destina a la programación y turismo cultural. Muchas personas frecuentan los museos como alternativa, porque no tienen nada mejor que hacer, pero no porque estén realmente interesadas en la muestra que van a visitar.

A modo de conclusión y muy a nuestro pesar, la tendencia en nuestros días pasa por llevar a cabo una política de “Panem et Circenses”, donde el hecho de pasar un rato agradable gana fuerza en detrimento del desarrollo de la personalidad y el espíritu crítico. Por ello, desde nuestro humilde blog, pretendemos acercar la cultura desde un punto de vista joven, donde todo el mundo participe y potencie su lado más creativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s